A cumbia dos quilombos
“Debe ser la mejor cumbia hecha en Uruguay, pegadiza y divertida…” (Guilherme de Alencar Pinto, nota en Brecha del 26-04-2007) … Surgida en uno de los tantos paseos con mis amigos a los quilombos (burdeles, whiskerías, “casas de cita”, etc.), de la observación de que si bien siempre se irradian cumbias en los quilombos (con letras quejumbrosas, de hombres abandonados por mujeres ingratas, en la mayoría de los casos… lo que yo denomino como “pasión y rencor latino”, o la exaltación extrema de la belleza de la muñequita hueca de turno), ninguna hablaba de la algarabía y diversión que significa ir a los quilombos luego de un buen asado y unos cuántos vinos de más. Producto que no hay en el mercado, hay que proporcionarlo. Aproveché para exponer la tristeza que siento cuando salgo a pasear los domingos y siempre se cae en un supermercado, porque te acordaste que te hace falta papel higiénico y ver a la gurisada estresarse en las cajas, mientras afuera hay un día de sol radiante. También está la parte autobiográfica… mis 16, 17 años, épocas de no tener un puto peso pa’ nada en el bolsillo y bueno, había que saciar y recurrir a los progenitores por unos pesitos para justamente eso… El diálogo expuesto es tal cual. El verso final, surge de las tenebrosas leyendas urbanas que tiene cada pueblo… un comisario hijoputa corrupto y golpeador, amén de viciosillo en el rubro “drogas diversas”. La leyenda cuenta que ni el mismo presidente de la república pudo salvaguardarle de todos sus pecados y acabó preso… en una cárcel V.I.P., por supuesto.
