Acid candombe parte II
Creada durante una caminata en el otoño del 2004, la primera estrofa surge del aburrimiento que significaba ir a un pub en Minas en aquella época, en la que cada vez que ingresábamos al local con mis amigos, el pasadiscos (también autodenominado con la silga anglófila D.J., que le dá al menos un aire más importante), creo yo que debía de pensar algo así como “¡Oh!… ahí llegaron los roqueros, vamos a seleccionar música como para ellos…” y siempre lo mismo… Los Enanitos Verdes (¿había dicho ROCK?), las más conocidas de Charly García, lo más hortera de Calamaro, y el infaltable “Walk of life” de los Dire Straits, como para poner algo “progresivo” … y siempre la misma matraca…
Anécdota aparte, la estupidez de que en determinado momento no podías ingresar de gorra al local, a no ser que fueras, el pobre músico-estrella que por unos dinerillos iba a entretener a los parroquianos con un repertorios de canciones “de ésas que le gustan a la gente…” Mierda, yo también soy gente… y a mí no me entretenían en lo más mínimo. El ingresar de gorra a uno de ésos locales, en Minas, me costó que los patovicas (ésa especie de guardapuertas enormes de los boliches, generalmente milicos retirados que hacen unos pesos extras cuidando que los parroquianos tengan el perfil adecuado que pretende el capricho del dueño) me sacaron a patadas, por no querer sacarme mi gorrita de lana… Vamos, que en Minas nos conocemos todos y no soy tipo de andar armando quilombo ni de pedo fácil, y he visitado desde los quilombos más refinados hasta los bares más chafas.